Hoy he decidido hacer un post muy diferente.

Sinceramente, este es el blog de mi marca, y como marca tiene momentos muy especiales porque al final, detrás de la marca, hay personas reales, momentos reales, relaciones reales.

A veces olvidamos la historia de una marca, el trabajo de una marca o quién la trabaja, por eso, hay momentos que merecen ser contados, para recordarnos por qué seguimos ahí, por qué merece la pena seguir trabajando todas las horas del día y seguir siendo los más arriesgados aunque más pobres del grupo de la infancia, por qué detrás de un proyecto, hay ilusiones, ilusiones que no todos podrán vivir y que yo quiero compartir.

Pues vamos ahí.

El otro día tuve una experiencia que fue genial para mi y que quiero compartir con vosotros.

Pasó hace algunos días, no sabía si compartirlo en el blog o no, pero finalmente me he decidido a hacerlo porque sois muchos los que nos seguís a diario y creo que merecéis conocer la marca y las historias que hay detrás, porque formáis parte de este proyecto hecho con tanto amor.

Era un día muy caluroso de fin de semana, a penas había dormido, como algunos sabéis, ahora llevo la marca y además un proyecto con una empresa que me hace muchísima ilusión y que me ha dado la oportunidad de desarrollar una de mis pasiones, escribir, lo que conlleva dormir poquísimas horas si además le sumas el postgrado que estoy cursando.

Somos nuevos en Madrid y a través de una persona muy cercana en común en Barcelona habíamos conocido a una pareja estupenda que nos había invitado a su casa a comer. Estaría también la madre de él a la que si conozco y tengo mucho cariño.

Ella encantadora, no solo me aconsejó dónde vivir en Madrid, un barrio que me encanta y que me ha hecho sentir como en casa, con lo que estoy súper agradecida, sino que ahora nos invitaba a conocer a su familia.

Podéis imaginaros que fuimos locos con el google maps en mano, aún así reconozco que nos perdimos –si si, lo reconozco, por difícil que os parezca-, y asados de calor, sólo os diré que salimos de casa pareciendo ingleses y llegamos a destino que parecíamos más bien dominicanos.

El caso es que nuestro conocido nos comentó que el peque de la pareja con quien íbamos a comer era un niño especial, prefiero no entrar en detalles por respeto a la familia, pero digamos que era un niño diferente, un poco más distraído, hablaba poco y tenía una gran personalidad.

A mi me pareció un niño increíble y guapo a rabiar 💚

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*Imagen de: www.unsplash.com

Normalmente, como me dedico a hacer productos del mundo infantil, cuando se presentan ocasiones como estas, me gusta llevar un detalle porque se que a los peques siempre les hace ilusión.

Total, llegamos a la casa y conocimos al peque, un niño guapísimo donde los haya, al que le encanta nadar y además se le da especialmente bien, le apodamos el delfín cariñosamente porque bien lo merecía la valentía con la que se sostenía en el agua mientras nadaba o daba vueltas sobre sí, un campeón.

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Como el peque todavía no había cumplido los cuatro años y su cumple no estaba cerca, decidí que en vez de una corona, lo mejor era llevarle una pizarra enrollable ya que todas las mamis me dicen lo bien que se lo pasan los peques cuando la utilizan a cualquier sitio al que van, “Andrea, mano de santo las pizarras”, eso me dicen.

Llevé una pizarra con mucho colorido, pensé que era lo más acertado, cogí unas tizas y las guardé en la mochila.

Esperé a que comiéramos para que los papis también pudieran tomarse el café tranquilamente y el peque pudiera estar a su bola.

Como no se movía de la mesa, después de los postres saqué la pizarra de mi mochila y le dije a la madre: “mira, he traído este regalito para el peque”.

Esperé la reacción.

La mami muy agradecida y encantada la abrió, apartó el ipad en el que el peque estaba viendo los dibujos y le dio una tiza.

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El peque miró sorprendido, ¿qué es esto? Pensó. Cogió la tiza y durante unos minutos logramos que el peque dejara el ipad e hiciera una de sus obras de arte, de aquellas que nos parecen fabulosas.

Después de unos minutos, recogimos y nos fuimos a nadar que es lo él deseaba, y oye, ¡ya le tocaba!

Creo que la pizarra le encantó,

¡Misión cumplida peque!

Andrea Franco

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