Hola compis,

Hoy es Viernes, y con motivo del estreno de la nueva web y la plantilla de La marcahe pensado en hablaros de nuestra última aventura, y es que el fin de semana pasado, nos fuimos todos a Madrid, incluidos los mimebros perrunos de la plantilla.

Como me consta que muchos de los lectores tenéis amigos perrunos en la família, os cuento la travesía porque pienso que puede ser de vuestro interés.

Pues bien, problema nº1 con el que nos encontramos cuando decidimos llevar a Bobby y Lola a la capital: ¿dónde dormir? Buscando hotel nos encontramos con dos problemáticas:

1. La limitación de amigos perrunos por habitación.

2. La limitación de peso del acompañante peludo.

Como habréis podido ver, nuestros queridos peludos son un tanto grandotes, así que, desde luego, con una limitación de 15kg era imposible.

Finalmente, dimos con un hotel que no restringía ni en número ni en peso, así que, parecía que ese era nuestro destino. Eso si, la tarifa era de 18€ por peludo y por noche, un total de 72€ las dos noches.

Tengo que decir que el hotel –Hotel Príncipe Pio- en cuanto a situación me pareció muy correcto, además, tenéis un parking al lado que os cuesta 20€ un día entero, es decir, si llegáis por la noche tenéis hasta la noche del día siguiente, como fue nuestro caso.

En cuanto a las habitaciones, de las vistas que había en la web ni rastro, creemos que para los que vamos con los peludos nos hospedan en una zona no tan acogedora del hotel, pero la habitación estaba muy bien y la limpieza que para nosotros es lo más importante era de 10.

Como llegamos pasadas las 00:00h esa noche fuimos directos a la cama y caímos redondos después de las casi 6 horas de coche.

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Al día siguiente, mientras uno de nosotros acudía a su reunión, el resto del equipo esperaba en la habitación del hotel trabajando en nuestra nueva web, así nos dieron las 14:00h.

Llegada la hora de la comida se nos planteó el dilema. Qué hacemos, ¿vamos a un sitio donde admitan a nuestros amigos perrunos u opción take away y nos vamos a un parque? La opción 2 nos hubiera parecido excelente si no fuese porque no dejaba de llover y nuestra directora creativa –Lola- es muy finolis y si llueve, no sale a la calle.

Como teníamos que comer, abrí el ordenador y en la web de Sr Perro busqué restaurantes en Madrid que admitieran la entrada de peludos. La cosa estaba complicada, había que buscar un restaurante que tuviera comida apta para vegetarianos, al menos una pizza o un plato de pasta, y que además admitiera peludos, sería nuestra primera experiencia con ellos.

Entre varios restaurantes nos llamó la atención uno que se llamaba El imparcial, así que cogimos el coche y fuimos para allá.

Una vez dentro flipamos, no parecía un restaurante que admitiera perros ni nadie llevaba un amigo peludo con él. El encargado nos recibió encantado y nos llevó hacia un rincón que no era una zona habilitada ni mucho menos, era parte del restaurante una mesa cualquiera entre toda la gente, alucinante.

Tengo que decir que hubo de todo, algunos nos miraron con recelo, otros sonrieron, otros hablaban con su mirada y preferí no escucharlos.

En cualquier caso, el encargado nos recibió con una gran sonrisa y nos dio una mesa estupenda.

No obstante, un perro de 40kg y otro de 20kg no acostumbrados a una actividad como esta, y siendo perros, no nos olvidemos que son perros, no terminaban de encontrar su sitio. Ante las miradas letales de los miembros de una mesa cercana, decidimos abandonar el local.

Cuando casi salíamos por la puerta el encargado nos dijo: “chicos, que pasó?”. Le indicamos que parecía que no todo el mundo estaba de acuerdo con el hecho de que nuestros peludos estuvieran con nosotros y que no queríamos molestar.

Fue muy respetuoso y muy muy agradable, nos lo puso muy fácil.

Lo cierto es que este país desde luego no está preparado todavía para que hagamos vida con nuestros peludos, pero debemos esforzarnos en lograrlo, tanto nosotros, los que tenemos peludos, como quienes creen en ello como el encargado del restaurante.

Muchos no lo respetarán, pero cuando en un restaurante se decide admitir la entrada a peludos por poco que te guste tienes que respetarlo. De igual modo, los dueños tienen que ser consecuentes con que hay más gente en el local y valorar si sus peludos están dispuestos o no a acompañarlos, porque como he comentado antes, son perros, no lo olvidemos.

El encargado nos dijo muy educadamente: “no podemos sucumbir, si lo hacemos, jamás lo lograremos, se trata de empatía, nada más”.

Y he aquí la prueba de nuestro logro:

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La verdad es que fue una experiencia genial, de normal no llevaría a mis perros a comer a un restaurante si estoy en mi ciudad, más que nada por ellos, porque pienso que si pudieran elegir me pedirían quedarse en casa. No obstante, hay veces en las que viajamos con nuestros peludos y es de agradecer que se nos pongan las cosas fáciles.

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Es lógico y respetuosos totalmente que haya gente que no quiera compartir mesa con los peludos de otros, están en todo su derecho, por eso siempre habrá restaurantes que no los admitirán, pero no se puede poner mala cara a una familia respetuosa que entra en un local donde se les permite la entrada.

Deciros que en el hotel todo eran sonrisas y muestras de cariño, algunos fliparon, pero no hubo una sola mala cara.

Primero fue la entrada al metro, ahora, algunos restaurantes y hoteles se animan… el cambio es lento, pero está cerca.

Gracias a todos los que nos hacéis a nosotros y a nuestros amigos peludos la vida un poco más fácil.

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Besos perrunos!!

Andrea Franco

One thought on “Lola se sienta a la mesa

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